Las Sorginak constituyen una de las figuras más fascinantes y universales del acervo vasco: sacerdotisas de las fuerzas de la naturaleza, sanadoras y sabias conocedoras de los secretos de la tierra.
Consideradas en el mito como las servidoras y asistentes de la gran diosa Mari, estas mujeres poseían un saber profundo sobre las virtudes curativas de las plantas, los ciclos astrales y los rituales de protección para los caseríos.
Al amparo de la noche, se reunían en los akelarres junto al genio Akerbeltz para celebrar la vida, danzar y entonar cantos en comunión con lo salvaje. Aunque la persecución medieval distorsionó su memoria convirtiéndolas en figuras oscuras, el relato popular conserva el recuerdo de las Sorginak como guardianas de un conocimiento ancestral, capaces de sanar males, moldear el destino y desafiar las leyes del mundo físico con sus encantamientos.

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