Cada Nochebuena, abandona su solitaria borda en la montaña para bajar a los pueblos, portando en su saco el carbón que calienta los hogares, regalos para los más jóvenes y el mensaje festivo de prosperidad para la época más fría del año.
Considerado el último superviviente del antiguo linaje de los Jentilak, Olentzero se erige como el gran símbolo del solsticio de invierno y la renovación en Euskal Herria. Este entrañable carbonero, de rostro curtido por el hollín de la piconera y vestimenta humilde, habita durante todo el año en las profundidades del bosque dedicado a la elaboración del carbón vegetal. Caracterizado por su apetito copioso, su afición al buen vino y su aspecto tosco pero afectuoso, Olentzero es el único gigante que no se ocultó ante la llegada de la nueva era, asumiendo la tarea de descender a las comunidades humanas para anunciar el renacer de la luz.

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